En 1882, la confitería de Ángel Molina abrió sus puertas en Almagro, marcando el inicio de una tradición dulce que ha perdurado a lo largo de cinco generaciones. Desde su fundación, este emblemático negocio familiar se ha ganado el corazón de sus clientes con una amplia variedad de dulces, que van desde milhojas hasta tortas de almendra.
Sin embargo, son sus alfonsinos los que han destacado como la especialidad más emblemática de la confitería. Estos deliciosos pastelitos han conquistado a generaciones con su sabor único, convirtiéndose en un símbolo de la tradición confitera de la región.
Hoy en día, la confitería continúa preservando las recetas tradicionales, manteniendo la esencia que Ángel Molina instauró hace más de un siglo. Este legado familiar sigue endulzando la vida de los almagreños y de todos aquellos que visitan este histórico establecimiento.
Fuente: Facebook Ayuntamiento de Almagro








